HERRERA: Una vocación in el Ministerio del Catequista

June 8, 2021

Photo by Dylan Gillis

Hace unos días la Oficina de Prensa del Vaticano anunció el texto del Motu proprio “Antiquum ministerium” del Papa Francisco sobre el Ministerio del Catequista. Ya en 2018, el Papa había hablado de la necesidad de dar a este servicio una dimensión institucional en la Iglesia y afirmó con claridad que el “catequista es una vocación”: “Ser catequista, esa es la vocación, no trabajar como catequista”. Y añadió que esta “forma de servicio que se realiza en la comunidad cristiana” requería ser reconocida “como un verdadero y genuino ministerio de la Iglesia”.

¿Qué es un motu propio?

Es un documento de la Iglesia católica emanado directamente del papa, es un acto legislativo (tiene forma de decreto) promulgado por el Papa, por su propia iniciativa y autoridad. Y ahora el ministerio del catequista se establece de manera formal dentro de la Iglesia.

Esto es un gran avance y algo querido desde el Concilio Vaticano II. De hecho, establecer de manera formal el ministerio del catequista ayudara a solidificar lo que el nuevo Directorio para la Catequesis pide y define, que la naturaleza de la catequesis es “hacer que el anuncio de su Pascua resuene continuamente en el corazón de cada persona para que su vida se transforme” (n.55). Esta catequesis hecha por hombres y mujeres maduras en su fe acompaña, educa, forma, introduce en la celebración del Misterio e ilumina e interpreta la vida y la historia humana. Y para poder acompañar, educar y formar, el Catequista tiene que estar consciente que toda Catequesis debe de presentar el Kerygma (el primer anuncio) y ayudar a profundizar a descubrir la belleza de la persona de Jesucristo. El Kerygma es anunciar la buena nueva, pregonar a todo el mundo que “Jesús nos ama, dio su vida para salvarnos, y ahora esta vivo a nuestro lado para iluminarnos, fortalecernos y liberarnos” (cf. n.58).

Nos daremos cuenta pues, que el ministerio del Catequista no es nada más la maestra que educa a los niños para la celebración de los sacramentos, el ministerio del Catequista es mucho más que esto. No olvidemos que el Obispo es el catequista por excelencia, pero también en la constitución del cuerpo de Cristo, hay diversos dones y los fieles en virtud del Bautismo y la Confirmación participan en su oficio sacerdotal, profético y real (cf. LG 31, AA 2).

La persona del catequista es esa persona que anuncia la fe de la Iglesia, la acompaña, educa, forma, introduce e ilumina e interpreta la vida y la historia humana. Por consiguiente el Directorio recalca y reitera que la “Catequesis de adultos, al estar dirigida a personas capaces de una adhesión plenamente responsable debe ser considerada como la forma principal de catequesis a la que todas las demás….las otras edades debe tenerla como punto de referencia” (n.77).

Este es un gran momento para la Iglesia en sus esfuerzos de evangelización y resaltar este ministerio del Catequista que es vital en la vida de la Iglesia. La persona del catequista pertenece a una comunidad cristiana y su servicio es vivido dentro de esta comunidad. No solo esto, el ministerio del catequista ayuda a que la persona del catequista sea 1) testigo de la fe y custodio de la memoria de Dios 2) Maestro y mistagogo 3) acompañante y educador.

Pidamos pues al Espíritu Santo que envíe mas catequistas que sean generosos y dispuestos a trabajar en comunión con los sacerdotes y el obispo para que así puedan dar esperanza de nuestra fe. †

Adrian Alberto Herrera es director asociado para la Oficina de Evangelización y Catequesis en la Arquidiócesis.