A Shepherd's Message - March 22, 2016

March 20, 2016

We have arrived at Holy Week, the Great Week of 2016. Lenten journeys are reaching their completion. For catechumens it will be the moment of Baptism and Confirmation. For those who are seekers of God’s mercy it will be an invitation to come to Jesus, the Father’s mercy turned towards the world. Even for the hiding human beings and the scoffers, it is a week when the Christian community speaks of welcome, return and embrace.

This is a Jubilee Year, and Pope Francis wants us to celebrate Holy Week with genuine joy born from a knowledge of our being loved, and loved ‘to the end’ by our humble Lord Jesus.

This year, Palm Sunday finds us reading the Passion narrative of St. Luke, the Gospel of Mercy. With blessed palms in our hands and a readiness to hear the long but beautifully detailed story of the passion, death and resurrection of Jesus, we encounter the following: the patience of Jesus at the Last Supper urging His apostles to see that the first among them must be servant; His words of comfort to the women of Jerusalem as He goes to the Cross; and perhaps most poignantly of all, His response to the Good Thief who asks to be remembered in His kingdom: ‘Today you will be with Me in Paradise.’ These and other remarkable episodes are traced in the Passion according to St. Luke and should remain with us throughout the week.

On Holy Thursday evening, we celebrate the Mass of the Lord’s Supper and hear the Gospel of the Washing of the Feet of the twelve by Jesus. By washing of the feet of the apostles, our Lord demonstrates his love and helps underscore the significance of the Institution of the Eucharist and the Ministerial Priesthood given to the Church and to us on that sorrowful, but eventful night.

During this Mass, we also celebrate the Eucharist, the re-presentation of His Death and Resurrection until He comes again in glory. Christ’s sacrifice is poured out for us and becomes our new life, our food and nourishment and our source for any outreach and formation. The procession of the Blessed Sacrament at the end of the Mass reminds us of Christ as our ongoing presence on the way and journey of faith. Many remain behind and pray that night as they read again the sorrowful, startling and crucial scene of Jesus in Gethsemane.

Many popular and beautiful devotions are celebrated on Good Friday. The central Liturgy that day is not Mass. Instead it is an extended Liturgy of the Word culminating in the Passion Narrative of St. John where Jesus is lovingly portrayed as the One who does His Father’s will in everything, who speaks the truth to that chameleon politician, Pontius Pilate, who entrusts His Mother to the Beloved Disciple and the Beloved Disciple to her, who dies stating: ‘It is finished.’ Indeed Christ has done everything for us and our salvation. After His death, it is St. John’s Passion that remembers a soldier piercing Christ’s side with a lance. What flows is the water of Baptism and the Blood of the Eucharist, an interpretation of the event already in the 2nd Century A.D.

Good Friday is also the day when the Prayers of the Faithful are lengthened, more solemn and include EVERYONE, from the Pope to the believer, from the Catechumen to the unbelieving, from the rulers of nations to the most poor and abject person. Christ’s death is a victory of mercy for all! It is no wonder that those prayers are followed by the veneration of the wood of the Cross, an action each one of us can give to such a generous, holy and forgiving suffering Lord Jesus. The distribution of Holy Communion consecrated the night before at the Holy Thursday Mass concludes the Good Friday Liturgy which ends almost abruptly! This is done on purpose.

It is the Easter Vigil on Holy Saturday that brings Holy Week to a zenith. From darkness to light, the Easter Candle is blessed, lit and praised; the great Easter Proclamation sings out God’s incredible and ineffable mercy: ‘O Happy Fault that merited such a Redeemer!’ The extended Liturgy of the Word traces the history of our creation and salvation in Christ from Genesis through the recounting of the Exodus of Israel from Egypt through the Red Sea, from readings from the great prophets of Israel to the great Letter of St. Paul on baptism as a new creation, a new ‘exodus’ in Christ. The first Gospel of Easter is proclaimed, then the Church goes to the Baptismal Font for Initiation of new members. What a beautiful occasion for our Archdiocese to have more than 2,000 new members received into the Church this year! The first Easter Eucharist follows Baptism and Confirmation; ‘Alleluia,’ silent since Ash Wednesday, reappears and is sung multiple times. Christ is Risen and all is made new.

It is a real hope and prayer of mine that all the members of the local Church of Galveston-Houston will be touched this Holy Week by a re-energized sense of God’s mercy and love towards them. The Holy Father is eager that this Jubilee Year will be one of reconciliation for the Church and for the world.

A Blessed Easter to all. May the first words of the Risen Christ to the apostles be internalized by all of us: ’Peace be with you.’



Hemos llegado a la Semana Santa, la Semana Mayor de 2016. Las jornadas cuaresmales están llegando a su fin. Para los catecúmenos será el momento del Bautismo y de la Confirmación. Para quienes buscan la misericordia de Dios, será una invitación para acercarse a Jesús, Padre de la misericordia que se vuelve hacia el mundo. Incluso para los seres humanos y están escondidos y también para los burlistas, es una semana en que la comunidad cristiana habla de bienvenida, de retornar y de abrazar.

Este es un Año Jubilar, y el Papa Francisco quiere que celebremos la Semana Santa con genuina alegría que nace de sabernos amados, pero amados 'hasta el final' por nuestro humilde Señor Jesús.

Este año, en el Domingo de Ramos escuchamos el relato la Pasión según San Lucas, el Evangelio de la Misericordia. Con las palmas benditas en nuestras manos y la disposición de escuchar el largo pero muy bien detallado relato de la pasión, muerte y resurrección de Jesús, nos encontramos con lo siguiente: la paciencia de Jesús en la Ultima Cena instando a sus apóstoles a ver que el primero de ellos debe ser servidor; sus palabras de consuelo a las mujeres de Jerusalén mientras él va cargando con la Cruz; y quizás lo más conmovedor de todo, su respuesta al buen ladrón que pide lo recuerde cuando llegue a su reino: "Hoy estarás conmigo en el paraíso." Estos y otros episodios notables son relatados en la Pasión según San Lucas y deben permanecer en nosotros durante toda la semana.

El Jueves Santo por la noche, celebramos la Misa de la Cena del Señor y escuchamos el Evangelio del Lavatorio de los Pies a los doce por Jesús. Por medio del lavado de los pies a los apóstoles, nuestro Señor demuestra su amor y ayuda a subrayar la importancia de la Institución de la Eucaristía y el Sacerdocio Ministerial conferido a la Iglesia y a nosotros en esa noche triste, pero memorable.

Durante esta Misa, también celebramos la Eucaristía, la re-presentación de Su Muerte y Resurrección hasta que Él vuelva en gloria. El sacrificio de Cristo es hecho por nuestra causa y se convierte en nuestra vida nueva, nuestra comida y alimento y en nuestra fuerza para toda actividad y formación. La procesión del Santísimo Sacramento al final de la Misa nos recuerda a Cristo como presencia continua en nuestro camino de fe. Muchos se quedan atrás y rezan esa noche mientras repasa la escena triste, sorprendente y crucial de Jesús en Getsemaní.

El Viernes Santo se celebra con muchas devociones populares y hermosas. La Liturgia central de ese día no es la Misa. Más bien, es una extensa Liturgia de la Palabra que culmina con la narración de la Pasión según San Juan, donde Jesús es amorosamente representado como el que hace en todo la voluntad de su Padre; el que dice la verdad a ese político voluble, Poncio Pilato; el que confía Su Madre al Discípulo Amado y el Discípulo Amado a ella, indicando al morir que: 'Todo está consumado." Ciertamente Cristo ha hecho todo por nosotros y por nuestra salvación. Después de su muerte, en la narración de la Pasión según San Juan se recuerda a un soldado que perfora el costado de Cristo con una lanza. Lo que fluye es agua que representa el Bautismo y sangre que representa la Eucaristía, una interpretación hecha ya desde el Siglo 2ᵒ D.C.

El Viernes Santo es también día en que las Oraciones de los Fieles son más largas, más solemnes e incluyen a todos, desde el Papa hasta al creyente; desde el Catecúmeno hasta al que no cree; desde los gobernantes de las naciones hasta a la persona más pobre y abyecta. La muerte de Cristo es la victoria de la misericordia para todos! No es de extrañar que a esas oraciones sean seguidas por la veneración del madero de la Cruz, veneración al sufriente Señor Jesús, tan generoso, santo y misericordioso. Con la distribución de la Sagrada Comunión -consagrada anoche en la Misa del Jueves Santo- concluye la Liturgia del Viernes Santo, que termina casi bruscamente! Esto se hace a propósito.

La Vigilia de la Pascua, el Sábado Santo, acerca la Semana Santa a su cenit. De la oscuridad a la luz, el Cirio Pascual es bendecido, encendido y alabado; el gran Pregón Pascual canta increíble e inefable la misericordia de Dios: “¡Feliz la culpa que mereció tal Redentor!” La larga Liturgia de la Palabra relata la historia de nuestra creación y la salvación en Cristo desde el Génesis a través del relato del éxodo del pueblo israelita de Egipto atravesando el Mar Rojo, desde las lecturas de los grandes profetas de Israel a la gran Carta de San Pablo sobre el bautismo como una nueva creación, un nuevo "éxodo" en Cristo. El primer Evangelio de Pascua se proclama, entonces la Iglesia va a la Fuente Bautismal para la iniciación de los nuevos miembros. ¡Qué hermosa ocasión para nuestra Arquidiócesis recibir a más de 2.000 nuevos miembros en la Iglesia este año! A la primera Eucaristía Pascual le sigue al Bautismo y la Confirmación; El 'Aleluya', silenciado desde el Miércoles de Ceniza, vuelve a aparecer y se canta varias veces. ¡Cristo ha resucitado y todo se hace nuevo!

Mi sincera esperanza y oración es que todos los miembros de la Iglesia local de Galveston-Houston sean re-vitalizados en esta Semana Santa con la misericordia y el amor de Dios hacia ellos. El Santo Padre está ansioso de que este Año Jubilar sea uno de reconciliación para la Iglesia y para el mundo.

Una Bendita Pascua para todos. Que las primeras palabras de Cristo Resucitado a los apóstoles se interioricen en todos nosotros: "La paz sea con ustedes.”