A Shepherd's Message - Jan. 12, 2016

January 12, 2016

We just celebrated the Feast of the Baptism of the Lord and the conclusion of the Christmas Season. I want to extend to all of you who sent cards and greetings, gifts and best wishes to me for Christmas a very sincere thanks. Many of your messages and cards contained very thoughtful comments and I have been thinking about a number of them. I also received requests for prayers and Masses and have tried to respond to them at the Eucharist and at the daily Liturgy of the Hours.

The Baptism of Jesus, which was in solidarity with sinful humankind, is distinctive and unique insofar as at the time of His immersion into the Jordan River, an epiphany occurred. The Holy Spirit overshadowed Him and the voice of the Father thundered: “This is my beloved Son; listen to Him.” The Spirit had always been with Jesus Christ from the moment of His conception in the womb of His Mother, Mary, but the event of His baptism signaled a new moment, a public life of words and deeds and the urgency of the Kingdom of God. From this time on Jesus showed Himself as ‘Word Made Flesh’ in the public world and amid the crowds of Galilee. The ‘hour’ of Jesus began to take shape. He created us anew not by tearing us apart, but by healing us and elevating us by the grace of His public life and, most certainly, by His Death and Resurrection.

Our own baptism is for the forgiveness of sins and the first workings of the Holy Spirit; but our baptisms do have some similarity to that of Jesus. Each of us comes from the font as a beloved son or daughter of God; sons and daughters who are marked by the first stirrings of faith. We receive a mission too, not to be the Messiah, but to proclaim Jesus the Messiah. We must do it in words and deeds. We must profess Him publicly. Our baptisms signal a new moment, a time of being reborn and starting the process of bearing fruit for the Kingdom of God.
The month of January highlights a few themes in our lives that help us realize our baptismal call. Early January is dedicated to immigrants and refugees in the Catholic Church USA, a subject that has produced many controversies of late. However, our commitment to those on the peripheries and margins, as Pope Francis writes, must be clear and unambiguous. We welcome, and we do so without rancor and with courtesy. We welcome!

In January we celebrate yearly the birth of Dr. Martin Luther King, Jr., a great witness to the beauty of the human person and the need to end all racism in our country and in our world. Dr. King always mentioned that we must not be just thermometers that register the temperature; we must rather be thermostats that change the temperature and tenor of our times. We must make the cultural climate hospitable to people of every race. We welcome!

In January each year we also pray for Christian unity and the advancement of ecumenical fellowship and understanding. We overcome past prejudice and try to understand real differences without losing anything of charity. We welcome.

Finally, in January we remember the sad decision of Roe v. Wade of our United States Supreme Court, the law that legalized abortion on demand. January 22nd,the anniversary of this decision, is a day of sober prayer and penance for us, a day of witness in Washington D.C. and Texas, a day to pray and work for the ending of this great scourge on our nation. Personhood is not bestowed by the State, but is recognized as already present from the conception of each human being, each one a singularity to be cherished. We welcome!

Let us make this January of 2016, the second month of the Year of Mercy in our Church, a month of Baptismal Awareness, a conscious re-awakening of our witness of welcome to all God’s people.

A blessed January to all. †



Acabamos de celebrar la Fiesta del Bautismo del Señor, y el fin de la temporada navideña. Quiero darles mi más sincero agradecimiento a todos los que me enviaron tarjetas y saludos, regalos y los mejores deseos en Navidad. Muchos de sus mensajes y tarjetas contenían comentarios muy reflexivos y he estado pensando en varios de ellos. También he recibido peticiones de oraciones y Misas y he tratado de responder a ellos en la Eucaristía y diariamente en la Liturgia de las Horas.

El Bautismo de Jesús, que fue en solidaridad con la humanidad pecadora, es distintivo y único a medida que en el momento de su inmersión en el río Jordán, se produjo una epifanía. El Espíritu Santo lo cubrió y la voz del Padre exclamó: "Este es mi Hijo amado; escúchenlo." El Espíritu siempre había estado con Jesucristo desde el momento de su concepción en el vientre de su madre, María, pero el acontecimiento de Su bautismo marcó un nuevo momento, una vida pública de palabras y obras y la urgencia del Reino de Dios. Desde ese momento Jesús se mostró como "El Verbo Hecho Carne" en el mundo y en medio de las multitudes de Galilea. La 'hora' de Jesús comenzó a tomar forma. Él nos ha creado de nuevo no para dañarnos, sino para sanarnos y elevarnos por la gracia de su vida pública y, sin duda, por su Muerte y Resurrección.

Nuestro propio bautismo es para el perdón de los pecados y las primeras obras del Espíritu Santo; pero nuestro bautismo tiene cierta similitud con la de Jesús. Cada uno de nosotros venimos de la pila bautismal como una hija o hijo amado de Dios; hijas e hijos marcados por los primeros movimientos de la fe. Recibimos también una misión, no para ser el Mesías, sino para proclamar a Jesús el Mesías. Debemos hacerlo en palabras y obras. Lo debemos profesar públicamente. Nuestro bautismo señala un nuevo momento, un momento de renacer y de iniciar el proceso de dar fruto para el Reino de Dios.

En el mes de enero se destacan algunos temas en nuestras vidas que nos ayudan a comprender nuestro llamado bautismal. El inicio del mes de enero es dedicado a los inmigrantes y refugiados en la Iglesia Católica EE.UU., un tema que ha producido muchas controversias en los últimos tiempos. Sin embargo, nuestro compromiso con los de las periferias y los marginados, como el Papa Francisco escribe, debe ser claro e inequívoco. Damos la bienvenida, y lo hacemos sin rencor y con cortesía. ¡Damos la bienvenida!

Cada año en enero se celebra el nacimiento del Dr. Martin Luther King, Jr., un gran testimonio de la belleza de la persona humana y la necesidad de poner fin a todo el racismo en nuestro país y en nuestro mundo. El Dr. King siempre mencionó que no debemos ser sólo termómetros que registran la temperatura; tenemos que ser termostatos que cambian la temperatura y el tenor de nuestros tiempos. Debemos crear un clima cultural y hospitalario a las personas de todas las razas. ¡Damos la bienvenida!

En enero de cada año también oramos por la unidad cristiana y la mejora de las relaciones ecuménicas. Superando los prejuicios del pasado y tratando de entender las verdaderas diferencias sin perder de vista la caridad. ¡Damos la bienvenida.

Finalmente, en enero recordamos la triste decisión de Roe v. Wade de nuestra Corte Suprema de los Estados Unidos, la ley que legalizó el aborto por demanda. Enero 22, el aniversario de esta decisión, es un día de oración y penitencia sobrio para nosotros, un día de testimonio en Washington DC y en Texas, un día para orar y luchar para suprimir este gran flagelo en nuestra nación. Ser persona no lo otorga el Estado, sino que es reconocida como ya presente desde la concepción de cada ser humano, cada uno es una singularidad apreciada. ¡Damos la bienvenida!

Hagamos este mes de enero de 2016, el segundo mes del año de la Misericordia en nuestra Iglesia, un mes de Conciencia Bautismal, un consciente re-despertar de nuestro testimonio de acogimiento a todo el pueblo de Dios.

Un bendecido enero a todos. †