A Shepherd's Message - Feb. 9, 2016

February 9, 2016

The Season of Lent arrives early in 2016. Ash Wednesday is February 10. Easter Sunday is March 27. Because this is the Jubilee Year of Mercy, Pope Francis has placed very special emphasis on the celebration of the forty days leading to Easter. He has called the Church to a renewal of the Sacrament of Reconciliation/Penance, a theme I dealt with in my last article, and to a focus on the Corporal and Spiritual Works of Mercy.
The Corporal works deal with feeding the hungry and clothing those in need of basic necessities, to visit those confined in prisons or isolated by ill health, that is, to be aware of and act on behalf of those on the margins.

The Spiritual works deal with giving encouragement to those lost spiritually, to admonish those who need to correct their course of life, to welcome those on a spiritual search, to pray more intensely, to remember those who have died, and to ask the Lord for personal conversion and for the conversion of all the complacent, the proud and the spiritually impoverished.

The key concept for the Holy Father is to make Lent, by the help of God’s beautiful grace, a time of mercy. Be merciful as the Father is merciful.

May I add here that the traditional Lenten works of fasting and abstinence, of increasing our praying the Rosary, of celebrating the traditional Stations of the Cross are all magnificent ways to celebrate Lent. For some, there may be effort exerted to celebrate Daily Mass more frequently during this season and to spend more time in reading the Scriptures, especially the superb Sunday Readings, available in Missals and on the Internet. And in this local Church we always pray for and support the catechumens and candidates who will enter the Church at Easter, some 2300 strong!

I also think that, in light of the Holy Father’s Encyclical last year, “Laudato Si’,” a writing that deals with the earth, our common home, and the dangers that threaten our environment, some actions that assist our proper use of the resources of earth would be most appropriate this Lent. The Pope is distressed at the “throwaway culture” afflicting us. This culture rationalizes the abuse of air and water and minimizes the assaults against the human person, especially against those at the peripheries of society. Healing the wounds inflicted on the earth and air can also bring deeper awareness of the wounds that poor and exploited peoples suffer. Action on their behalf is a kind of ecological justice.

How costly divine mercy is! There is no cheap grace. The mercy given us by the Lord is to be shared with others. This is no vague toleration of sins, our own and others, or a kind of benign complacency about evil and wrongdoing. God’s mercy and love is an action of power, a summons to our transformation and conversion. Divine mercy causes changes in us. For that to happen we need attentiveness to the Word and humility.

One of the great parables of mercy is that of the Prodigal Son, a story found at Chapter Fifteen in that great Gospel of mercy, Saint Luke. The Prodigal leaves home, becomes lost, and is hiding. His act of repentance is to come to his senses and return home, to seek mercy. The true protagonist in the parable is the Loving Father who, when he sees the returning son from a distance, runs out to embrace him. That detail of the parable would have been very striking to the initial audience since in the ancient Middle East fathers never run as that action would lessen their dignity. Jesus is saying that the mercy of God is so great and powerful and life changing that any hint of conversion or repentance on our part would cause the Heavenly Father to run and embrace us. This parable is an invitation to attentiveness and humility: these responses open us to the Father’s love, and His joy, a joy that is infectious.

May this Lent find us hastening to the Father’s embrace and showering Jesus’ mercy on everyone.



El tiempo de Cuaresma llega a principios del 2016. El Miércoles de Ceniza es el 10 de febrero. El Domingo de Pascua es el 27 de marzo. Debido a que este es el Año Jubilar de la Misericordia, el Papa Francisco ha puesto especial énfasis en la celebración de los cuarenta días que preceden a la Pascua. Él ha llamado a la Iglesia a una renovación del Sacramento de la Reconciliación / Penitencia, un tema que traté en mi último artículo, y para enfocar en las Obras de Misericordia Corporales y Espirituales.

Las Obras Corporales de Misericordia tratan sobre dar de comer al hambriento y vestir a los necesitados de las necesidades básicas, visitar a los que están confinados en prisiones o aislados por problemas de salud, es decir, tener en cuenta y actuar en nombre de los marginados.
Las Obras Espirituales de Misericordia tratan sobre dar animo a los que están perdidos espiritualmente, corregir aquellos que necesitan corrección en el curso de su vida, acoger a los que andan en una búsqueda espiritual, orar más intensamente, recordar a aquellos que han muerto, y pedir al Señor por la conversión personal y por la conversión de todos los complacientes, los orgullosos y los espiritualmente empobrecidos.

El concepto clave del Santo Padre es dar a la Cuaresma, con la ayuda de la hermosa gracia de Dios, un tiempo de misericordia. Sed misericordiosos como el Padre es misericordioso.

Me gustaría añadir que las obras tradicionales de Cuaresma del ayuno y la abstinencia, de aumentar nuestra oración del Rosario, de celebrar el tradicional Viacrucis son magníficas maneras de celebrar la Cuaresma. Para algunos, puede hacerse el esfuerzo de celebrar la Misa Diaria con mayor frecuencia durante este tiempo, y pasar más tiempo en la lectura de las Escrituras, especialmente las magníficas Lecturas del Domingo, disponibles en Misales y en el Internet. Y en esta Iglesia local siempre oramos y apoyamos a los catecúmenos y candidatos que entrarán en la Iglesia en la Pascua, unos 2300!

También creo que, a la luz de la Encíclica del Santo Padre el año pasado, "Laudato Si '," un escrito que trata de la tierra, nuestro hogar común, y los peligros que amenazan a nuestro medio ambiente, algunas acciones que ayudan a nuestro uso adecuado de los recursos de la tierra serían las más apropiadas en esta Cuaresma. El Papa está preocupado ante la "cultura de usar y tirar" que nos aflige. Esta cultura racionaliza el abuso del aire y del agua y reduce al mínimo las agresiones en contra de la persona humana, especialmente en contra de los que están en la periferia de la sociedad. La sanación de las heridas infligidas a la tierra y el aire también puede traer conocimiento más profundo de las heridas que sufren los pueblos pobres y explotados. Tomar acción en su nombre es una especie de justicia ecológica.

¿Cuánto cuesta la misericordia divina! No hay gracia barata. La misericordia que nos ha dado el Señor ha de ser compartida con otros. Esta no es una vaga tolerancia de los pecados, los propia y de otros, o una especie de complacencia benigna sobre el mal y la maldad. La misericordia y el amor de Dios son una acción de poder, un llamado a nuestra transformación y conversión. La misericordia divina provoca cambios en nosotros. Para que esto suceda necesitamos poner atención a la Palabra y ser humildes.

Una de las grandes parábolas de la misericordia es la del hijo pródigo, una historia que se encuentra en el Capítulo Quince en ese gran Evangelio de la misericordia, San Lucas. El Pródigo sale de su casa, se pierde, y se esconde. Su acción de arrepentimiento es entender que hizo mal y regresar a casa, a buscar la misericordia. El verdadero protagonista de la parábola es el Padre amoroso que, cuando ve al hijo que regresa desde la distancia, corre a abrazarlo. Ese detalle de la parábola habría sido muy llamativo a la primera audiencia ya que para los antiguos padres de Oriente Medio esa acción no disminuiría su dignidad. Jesús está diciendo que la misericordia de Dios es tan grande y potente y provoca un cambio de vida que cualquier indicio de conversión o arrepentimiento por nuestra parte haría que el Padre Celestial corriera a abrazarnos. Esta parábola es una invitación a la atención y a la humildad: estas respuestas nos abren al amor del Padre, y a Su alegría, una alegría que es contagiosa.

Que esta Cuaresma nos encuentre apresurándonos al abrazo del Padre y derrame la misericordia de Jesús en todo el mundo.