A Shepherd's Message - Dec. 8, 2015

December 8, 2015

Lord Jesus, Come!

That acclamation of praise and yearning, of faith and hope, is proclaimed frequently in the season of Advent. It is a time of waiting anew for the mercy of the Lord, a mercy that will be marked in a distinctive way this coming liturgical year by the celebration of a special Jubilee Year of Mercy.

Beginning on Dec. 8, the Jubilee Year of Mercy is a time set aside by our Holy Father Pope Francis to allow the great loving kindness of the Lord to visit us anew and transform us into disciples who have been seized by mercy and live to share it!

The four weeks of Advent prepare us for Christ’s Second Coming in glory, His coming now in our hearts and His special coming as the ‘Word Made Flesh’ at Christmas. Advent is not play acting for a historical Christmas, which indeed occurred and inaugurated “Anno Domini,” the Year of the Lord.Every year since the Son of God came among us in the flesh to be truly the merciful lover of all humankind is the Year of the Lord. Advent is not play; it is genuine waiting. It waits for an ever greater fullness of what Christ brought us and what He continues to bring to those with open hearts.

There are so many who are in need, who are wandering from the Lord, who wait in patience and in suffering for a true epiphany of Jesus’ presence in their lives. Advent indeed is a true waiting, waiting not just for a fact, but for a meaning for our lives today. The Church thus calls Advent-Christmas- Epiphany a “mystery,” a reality both present and elusive, shining yet transcendent. The beautiful practices of the season, the hymns and songs, the play of light and darkness, the Advent Wreaths and Jesse Trees all support the mystery.

Just as beautiful are the readings from Scripture given to us throughout Advent. Prominent are three figures of waiting and anticipation: the prophet, Isaiah, John the Baptist, and the Blessed Virgin Mary. This year we will hear the Gospel of St. Luke, which Dante nicknamed as “the Gospel of the loving kindness of the Lord.” It is a synthesis of great work, a text that will be read each Sunday of Advent.

Advent is a time to turn again to the Lord, to be stunned anew by the call of Christ to the Good News of His Gospel of mercy and repentance. It is a particularly apt season for goingto, or returning to, the Sacrament of Reconciliation, to be embraced “eyelash-to-eyelash” with the wonderful forgiving Lord. 

The Advent Season makes us more attentive to the plight of the poor, the need for excessive generosity towards the needy and a commitment to work for the change in our culture that will confront and cancel what Pope Francis calls “our throw-away society.” Furthermore, in the Apostolic Exhortation “The Joy of the Gospel,” # 127, Pope Francis said “being a disciple means being constantly ready to bring the love of Jesus to others, and this can happen unexpectedly and in any place: on the street, in a city square, during work, on a journey.”

Our Holy Father likes to use the expression “person-to-person,” meaning that our commitment must extend beyond all church community and group efforts, praiseworthy as they are, and emphasize the singularity of the joy of the Gospel. The gift of encountering and witnessing to Christ–Who-Comes is a one-on-one event! Perhaps for many of us, our waiting in Advent this year would be to beg Jesus to come and make us beautiful witnesses of His mercy to others, one-by-one and one-on-one.

We count always on the prayers of the Blessed Virgin Mary who is the ultimate virtuoso of Advent waiting. May her “Magnificat” and her joyous “yes” to the Lord lead us all along to Jesus this Advent.

Lord Jesus, Come! †



Ven, Señor Jesús!

Esa aclamación de alabanza y anhelo, de fe y esperanza, se proclama con frecuencia en el tiempo de Adviento. Es un tiempo de esperar de nuevo la misericordia del Señor, una misericordia que se marcará de una manera distintiva este próximo año litúrgico con la celebración especial de un Año Jubilar de la Misericordia.

A partir del 8 de diciembre, el Año Jubilar de la Misericordia es un tiempo reservado por nuestro Santo Padre el Papa Francisco para permitir que la gran misericordia del Señor nos visite de nuevo y nos transforme en discípulos cautivados por la misericordia para vivirla y compartirla!

Las cuatro semanas de Adviento nos preparan para la Segunda Venida de Cristo en gloria, su venida ahora a nuestros corazones y su venida especial como el "Verbo hecho carne" en Navidad. El Adviento no es la simulación de una Navidad histórica, que de hecho ocurrió e inauguró el "Anno Domini", el Año del Señor. Cada año, desde que el Hijo de Dios se hizo carne y vino a nosotros para ser verdaderamente el amante misericordioso de toda la raza humana, es el Año del Señor. Adviento no es una simulación; es una espera genuina. Es la espera de una plenitud cada vez mayor de lo que Cristo nos trajo y lo que sigue aportando a los que tienen un corazón disponible.

Hay muchos que están en necesidad, que andan errantes, que esperan con paciencia y sufrimiento una verdadera epifanía de la presencia de Jesús en sus vidas. Adviento, de hecho, es una verdadera espera, esperar no simplemente un acontecimiento, sino para que nuestras vidas tengan sentido hoy. La Iglesia, por lo tanto, llama al Adviento-Navidad-Epifanía un "misterio," una realidad presente y difícil de alcanzar, brillante y aún trascendente. Las hermosas prácticas de la temporada, los himnos y cantos, los juegos de luz y la oscuridad, las Coronas de Adviento y los Árboles de Jesse, todos forman parte de este misterio.

Igual de hermosas son las lecturas de la Escritura que se nos dan a lo largo del Adviento. Hay tres figuras que destacan en la espera y anticipación, son el Profeta Isaías, Juan el Bautista, y la Santísima Virgen María. Este año vamos a escuchar el Evangelio de San Lucas, que Dante le dio el apodado de "el Evangelio de la misericordia del Señor." Se trata de la síntesis de una gran obra, un texto que será leído cada domingo de Adviento.

El Adviento es un tiempo de tornar de nuevo al Señor, de ser sorprendidos de nuevo por el llamado de Cristo de la Buena Nueva de Su Evangelio de misericordia y arrepentimiento. Es una temporada particularmente apta para ir o regresar al Sacramento de la Reconciliación; para dejarse abrazar "pestaña con pestaña" por el maravilloso Señor que perdona.

El tiempo de Adviento nos hace más atentos a la situación de los pobres, a la necesidad de excesiva generosidad hacia los necesitados y al compromiso de trabajar por el cambio en nuestra cultura que quiere enfrentar y anular lo que el Papa Francisco llama "nuestra sociedad de usar y tirar". Por otra parte, en la Exhortación Apostólica "La alegría del Evangelio", # 127, el Papa Francisco dijo que "ser discípulo significa estar constantemente preparados para llevar el amor de Jesús a los demás, y esto puede suceder de forma inesperada y en cualquier lugar: en la calle, en una plaza de la ciudad, durante el trabajo, en un viaje."

A nuestro Santo Padre le gusta usar la expresión "persona a persona", lo que significa que nuestro compromiso debe extenderse más allá de la comunidad de la iglesia y de los esfuerzos de grupo, por muy loables que sean, y hacer hincapié en la singularidad de la alegría del Evangelio. El don de encontrar y dar testimonio de Cristo-Que-Viene es una labor de uno-a-uno! Tal vez para muchos de nosotros, nuestra espera de Adviento de este año sería la de pedir a Jesús que venga y nos haga hermosos testigos de su misericordia para los demás, uno por uno y uno-a-uno.

Nos acompaña siempre la Santísima Virgen María que es la personificación misma del Adviento. Que su "Magnificat" y su alegre "sí" al Señor nos conduzca a Jesús en este Adviento.

Ven, Señor Jesús!