A Shepherd's Message - April 26, 2016

April 26, 2016

“Amoris Laetitia,” the new Post Synodal Apostolic Exhortation of Pope Francis on the Family and the two Synods on the Family is a rich and complex document. I have already made some initial comments on this work. In this article I would like to reflect on a section of Chapter Four, a fifty page meditation on Love in Marriage that is at the heart of the Pope’s thinking. The Chapter begins with a series of comments on a lyrical passage of St. Paul in his First Letter to the Corinthians, 13:4-7. The passage of St. Paul is frequently proclaimed at weddings. The Holy Father’s analysis makes the passage the foundation for his thinking on the great role of Love in saturating the fidelity and self-gift are the essence of the Marriage Sacrament.

Love is experienced and is nurtured in the lives of couples, in their daily interactions with each other and children. ‘Love is patient.’ For Pope Francis this becomes a quality that each spouse must develop since its meaning centers on not acting on impulses and avoiding giving offense. In the Old Testament the word describes God who is slow to anger and rich in mercy; in being merciful God actually shows his real power.

The Pope contrasts patience with allowing mistreatment; no one can be ‘used’ in this way. Patience rather is a cultivation of the mind and heart and not seeing ourselves at the center of everything. It is the latter mindset that puts us constantly into anger, unable to control our impulses, and making the marriage relationship and our families into battlegrounds. Love that is patient allows the other person the space to breathe and to be accepted. Love overcomes malice.

This patience is not a passive but an active attitude of service. Love that is patient benefits the spouse, the children, the circle near the family; it is shown more intensely by deeds than by words that only flatter or cover over anger.

“Love is not jealous.” (1 Corinthians 13:5) The Holy Father writes that love has no room for envy at another person’s good fortune, no room for sadness that is caused by another’s prosperity. Jealousy closes us in on ourselves; it is the opposite of valuing and delighting in the achievement of the other person. Love that is not envious fulfills the last two commandments on coveting a neighbor’s wife or his or her goods. It is given ‘God-like eyes’” God sees each one and gives all for our enjoyment. Even when we must make a cry for justice and reject the possessiveness that hurts others, such a cry must actually arise from a deeper sense of personal peace and happiness. This is a very beautiful and useful section of the Pope’s writing that calls for some thoughtful meditation, especially for spouses.

I want to continue my reflections on this Chapter Four of “Amoris Laetitia” in subsequent columns. I want to do so slowly and patiently as the Pope has already advised us. By all means, obtain a copy of the Exhortation and begin your own reading and annotating of this important writing.



"Amoris Laetitia," la nueva Exhortación Apostólica Post Sinodal del Papa Francisco sobre la familia y los dos Sínodos sobre la Familia son documentos ricos y complejos. Ya he hecho algunos comentarios iniciales sobre este trabajo. En este artículo me gustaría reflexionar en una sección del Capítulo Cuatro, una meditación de cincuenta páginas sobre el Amor en el Matrimonio que es el corazón de los pensamientos del Papa. El Capítulo comienza con una serie de comentarios sobre un pasaje lírico de San Pablo en su Primera Carta a los Corintios, 13: 4-7. Este texto de San Pablo frecuentemente se proclama en las bodas. El análisis del Santo Padre hace del texto la base de su modo de pensar acerca del gran papel que desempeña el Amor donde la fidelidad y la donación de sí mismo son la esencia del Sacramento del Matrimonio.

El amor vive y se nutre en la vida de las parejas, en sus interacciones diarias entre sí y con los hijos. "El amor es paciente." Para el Papa Francisco esto se convierte en una cualidad que cada cónyuge debe desarrollar ya que su significado se centra en no actuar por impulso y evitar ofender. En el Antiguo Testamento la palabra describe a un Dios que es lento a la cólera y rico en misericordia; al ser un Dios misericordioso muestra realmente su verdadero poder.

El Papa contrasta la paciencia con permitir el maltrato; nadie puede ser "usado" de esta manera. La paciencia es más bien cultivo de la mente y el corazón y no vernos a nosotros mismos en el centro de todo. Esta última forma de pensar nos hace estar en constante enojo, incapaces de controlar nuestros impulsos, y haciendo que la relación matrimonial y la relación nuestras familias sean campos de batalla. El amor que es paciente le permite a la otra persona espacio para respirar y para ser aceptado. El amor supera la malicia.

Esta paciencia no es pasividad, sino una activa actitud de servicio. El amor que es paciente beneficia al cónyuge, a los hijos, al círculo cercano a la familia; se muestra con mayor intensidad con hechos más que con palabras que sólo halagan o encubren el enojo.

"El amor no es celoso" (1 Corintios 13: 5) El Santo Padre escribe que el amor no se ocupa de envidiar la buena fortuna de otras personas, no hay lugar para la tristeza causada por la prosperidad de otros. Los celos nos encierran en nosotros mismos; van en contra del valor y la alegría por los logros de otras personas. El amor que no es envidioso cumple los dos últimos mandamientos de no desear a la mujer del prójimo o sus bienes. Se le da 'ojos semejantes a Dios.' Dios ve a cada uno y nos da todo para nuestro deleite. Incluso cuando hay que hacer un llamado a la justicia y rechazar la posesividad que perjudica a otros, tal grito en realidad debe surgir de un sentido profundo de paz y felicidad personal. Esta es una sección muy bella y útil del escrito del Papa que requiere un poco de meditación reflexiva, especialmente para los cónyuges.

Quiero continuar mis reflexiones en este Capítulo Cuarto de "Amoris Laetitia" en columnas posteriores. Quiero hacerlo lentamente y con paciencia como el Papa ya nos lo ha advertido. Hagan el propósito, obtengan una copia de la Exhortación y comiencen a leer y tomar nota de este importante escrito.