A Shepherd's Message - Advent 2023

December 12, 2023

We have already begun the Advent Season as I write these few words of encouragement to help us make ready a way for the Lord. This seems appropriate this year as the Church at large has just finished the first year of its Synodal Meeting in Rome this past October and is preparing for the final Synodal Encounter next year.

Preparing a way for the Lord is about opening hearts, most especially our own, to receive Him in everyday experiences where He begins to show Himself. As always, the Lord shows Himself, especially in the poor, the homeless and the alienated. In other words, He shows Himself in those who may be different from us but are always looking for signs of the Redeemer! Preparing a way to meet the Lord and others is a synodal way of acting — simple and straightforward.

There is a magnificent reading from the prophet Isaiah on the First Sunday of Advent where the prophet begs the Lord “to rend the heavens and come down!” The prophet pleads for the God of Israel to visit once again God’s people in smoke and fire, to return with his Law as at Mount Sinai in the desert. Humanity has turned away, God has hidden His face, and no action of a human being can change that situation. God is infinitely alive, one, and beyond human bargains and deals. Without the Lord, the people are like leaves blowing away. Since, on our own, we cannot change what is wrong with us and the world, the Lord must come. This is a partial but necessary dimension of Advent. Please hurry, Lord! The world is in a mess! I am in a mess! Come with fire and anger!

A second figure in Advent is St. John the Baptist. John stands at the margins, in the desert! He does so on purpose. He leaves behind the normal trappings of clothing, eating and abiding. He, too, rends the sky with his voice. He makes an appeal: “Repent! Be washed clean!” Prepare by changing your heart and asking the Lord to send the Promised One, the Messiah, to make that change of heart real and stable. John the Baptist is both a frightening figure and a hopeful one. His humility makes him confess before Jesus that he is not worthy to untie his sandal straps. On the other hand, his prophetic voice makes him bluntly declare before the Scribes and Pharisees in every age that they are… a brood of vipers!

The third figure of Advent is the most compelling of them all, the most beautifully simple and pure. It is the figure of the Virgin Mary. Her humble but straightforward assent to the Angel Gabriel to be the Mother and Handmaid of the Lord Jesus, her journey of charity and concern to visit her cousin Elizabeth, her help to the older woman with her pregnancy, her beautiful “country” song of the Magnificat in the Hill Country of Judea, and her giving birth to the Eternal Word on Christmas after the journey to Bethlehem. All these make her THE model of Advent. Her silence and her song invite us to come aside from even a little bit of noise this Advent and join her in a full welcome of the Lord who comes to us in his Well-Beloved Son.

Happy Advent!

 


 

La temporada de Adviento ya comenzó, mientras escribo unas cuantas palabras de aliento para ayudarnos a preparar un camino para el Señor. Esto parece apropiado este año, ya que la Iglesia en general acaba de concluir el primer año de su Reunión Sinodal en Roma el pasado octubre y se está preparando para el Encuentro Sinodal final el próximo año

Preparar un camino para el Señor es abrir los corazones, especialmente el propio para recibirlo a Él en las experiencias cotidianas donde Él comienza a mostrarse. Como siempre, el Señor se muestra especialmente en los pobres, los desamparados y los alienados. En otras palabras, ¡Él se muestra en aquellos que pueden ser diferentes a nosotros, pero que siempre están buscando señales del Redentor! Preparando un camino para encontrarse con el Señor y con otros es una forma sinodal de actuar – simple y directa.

Hay una lectura magnifica del profeta Isaías en el Primer domingo de Adviento, donde el profeta le ruega al Señor “¡Ojalá rasgaras los cielos y bajaras!” El profeta suplica al Dios de Israel que visite una vez más al pueblo de Dios en humo y fuego, que regrese con su Ley como en el Monte Sinaí en el desierto. La humanidad se ha alejado, Dios ha escondido Su rostro, y ninguna acción de un humano puede cambiar esa situación. Dios esta infinitamente vivo, uno, y más allá de negociaciones y tratos humanos. Sin el Señor, las personas son como hojas que se lleva el viento. Ya que, por nosotros mismos, no podemos cambiar lo que está mal en nosotros y en el mundo, el Señor debe venir. Esta es una dimensión parcial pero necesaria del Adviento.  ¡Por favor, date prisa, Señor! ¡El mundo es un caos! ¡Yo soy un caos! ¡Ven con fuego e ira!

Una segunda figura de Adviento es San Juan el Bautista. Juan permanece al margen en el desierto. Y lo hace a propósito. Deja atrás las vestimentas y paramentos, la alimentación y la morada.  Él también rasga el cielo con su voz. Hace un llamado: “Arrepiéntanse! ¡Lávense, purifíquense!” Prepárense cambiando su corazón y pidiéndole al Señor que envíe al Prometido, al Mesías, para que ese cambio de corazón sea real y estable. Juan el Bautista es una figura tanto aterradora como esperanzada. Su humildad lo hace confesar ante Jesús que él no es digno ni de desatar la correa de sus sandalias.  Por otra parte, su voz profética lo hace declarar claramente ante los Escribas y Fariseos de todas las épocas que son… ¡una generación de víboras!

La tercera figura de Adviento es la más convincente de todas, la más hermosamente simple y pura. Es la figura de la Virgen María. Su consentimiento humilde pero directo al Ángel Gabriel para ser Madre y Esclava del Señor Jesús, su jornada de caridad y preocupación al visitar a su prima Isabel, su ayuda a la anciana con su embarazo, su hermoso cántico “campesino” del Magníficat en la región montañosa de Judea, y su dar a luz al Verbo Eterno en Navidad, después de la jornada a Belén. Todo esto la hace EL modelo de Adviento. Su silencio y su cántico nos invitan a apartarnos del más mínimo ruido este Adviento para unirnos a ella en acoger al Señor plenamente, que viene a nosotros en su Hijo Amado.

¡Feliz Adviento!