Un nuevo comienzo

April 10, 2012

El Santo Padre Benedicto XVI, en un discurso pronunciado a más de 10,000 peregrinos que se reunieron en la plaza de San Pedro, dijo, “con María inicia la vida terrena de Jesús, y con ella comienzan también los primeros pasos de la Iglesia… Ella siguió con discreción todo el camino de su Hijo durante la vida pública hasta los pies de la cruz, y ahora acompaña, con una oración silenciosa, el camino de la Iglesia.” 
En esta homilía el Papa nos hace reflexionar sobre nuestra cotidianidad como miembros de una sociedad y, por supuesto, de una familia. Hoy en día todos tenemos que cargar con muchas cruces. La pregunta es cómo vivir cada día como si fuera un día nuevo y quizás la respuesta inmediata de un cristiano es “con esperanza.”

Contemplando las diferentes etapas de la vida de Nuestra Señora, madre de Jesús y esposa de José, podemos apreciar la experiencia vivida de esa virtud teologal: Esperanza en la vida familiar y en la rutina diaria.
Examinemos brevemente cómo Nuestra Madre vivió este tiempo litúrgico. Durante toda su vida María cooperó en obediencia, fe, esperanza y con entusiasmo siguió el plan que Dios tenia para Ella y para el mundo. Aún cuando este no era fácil, todos los eventos alrededor de ella y su familia estuvieron marcados por su capacidad de mantener un estado de contemplación — meditando cada evento en el silencio de su corazón y sacrificándose en cada acto de servicio y de amor para los demás. 

El mundo entero está pasando por una incertidumbre grande en referencia a lo económico y a lo social. Nuestra Madre también tuvo que enfrentar estas incertidumbres, desde que tuvo al Hijo de Dios en su vientre hasta que lo siguió a la cruz. En malos tiempos, como nuestra Madre, nosotros también necesitamos restaurar esta sociedad, aplicando nuestras convicciones consistentemente con nuestra vida personal y familiar. 

¿Porqué las familias se están destruyendo? ¿Porqué la pobreza está invadiendo nuestra familia y nuestra sociedad? Enfocamos nuestra atención en las políticas públicas, en las leyes sobre el matrimonio, en el divorcio, en el aborto, en los programas de bienestar, en las reformas, en las adicciones, en el Internet, etc., pero no pensamos cómo estamos tratando diariamente a nuestros hijos y a nuestros cónyuges, como se vive la virtud en nuestro hogar. 

Alguien me preguntó el otro día porqué yo siempre hablaba de formación del carácter, y hasta me pidió que explicara qué quería decir esto? Mi sorprendente respuesta fue, “Nuestro carácter se define como la fortaleza moral o una cualidad moral. Pero esta cualidad moral es adquirida, desarrollada y el resultado de muchas influencias. Como padres, miembros de una familia y una sociedad debemos ayudar a otros a esculpir esa cualidad moral, por medio de la vivencia y practica de valores y virtudes que necesitan ser enseñados en medio de nuestro quehacer cotidiano. 
Nuestra Madre cargó la cruz de Jesús y sufrió la crueldad de su pueblo pero también vio el nuevo comienzo con la Resurrección de su hijo Nuestro Señor. Y a través de este hecho observó la victoria de la vida sobre la muerte. En palabras de Benedicto XVI quien continúa diciendo, “Después de la Ascensión de Jesús al cielo, los apóstoles se reúnen con María para esperar junto a ella el don del Espíritu Santo, sin el cual no se puede testimoniar a Cristo. Ella, que ya lo ha recibido para generar al Verbo encarnado, comparte con toda la Iglesia la espera del mismo don… Si no hay Iglesia sin Pentecostés, tampoco hay Pentecostés sin la Madre de Jesús, porque ella ha vivido de modo único lo que la Iglesia experimenta cada día bajo la acción del Espíritu Santo.” 

¡Imitemos a María! Vivamos fiel y plenamente esta Pascua, este nuevo comienzo con nuestro cónyuge, nuestros hijos y el resto de la familia, con el corazón abierto y con gran espíritu de oración para disipar toda forma de crisis y carencias. 



Maritza C. Roman-Pavajeau es la Directora Associada de el Ministro de Vida Familiar.