SALAZAR: Repensando una catequesis evangelizadora

January 15, 2019


La catequesis es ante todo una acción y una determinación. Es un enfoque que no separa entre el anuncio de la Buena Noticia y la educación doctrinal. Es por medio de ella que nuestra fe ha sido relevada como un tesoro invaluable de generación tras generación.

Arranco y comienzo con la pregunta inicial: ¿cómo y en dónde se ha concebido la catequesis como un quehacer que independiza a la evangelización? O más bien, ¿por qué la división casi inadvertida en la práctica cotidiana entre ambas tareas?

Digo, en teoría nuestro Magisterio es muy claro, pero en la praxis pastoral ha sucedo una eventual separación silenciosa entre catequesis y evangelización, que hoy en día, no es garantía asumida decir que soy un catequista, es estar propiamente evangelizado, o viceversa también.

El planteamiento es el siguiente: la realidad actual en nuestras comunidades parroquiales, es que adolecemos de una catequesis que carece de sentido sin la auténtica evangelización y por el otro lado, de una evangelización debilitada sin una catequesis sistematizada.

Ahora bien, demos un vistazo a los textos centrales que nos definen ambos roles. La Escritura en los cuatro evangelios nos presenta el envío que Jesús hace a sus seguidores, y cito indistintamente en esta ocasión a Mateo 28, 19-20: “Vayan y hagan discípulos entre todos los pueblos, bautícenlos consagrándolos al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, y ensénenles a cumplir todo lo que yo he mandado.”

Las concordancias de esta misma cita se encuentran en Marcos 16, 14-18; Lucas 24, 36-49 y Juan 20, 19-23.

Los verbos claves de la cita son: ir, hacer, bautizar y enseñar. Para asuntos de este artículo, nos compete hoy concretamente mirar el «hacer» y el «enseñar». Al final del día, la mayoría de quienes hacemos una lectura honesta de este pasaje, entendemos esta misión como el grato deber de evangelizar, es decir, llevar el anuncio de salvación a todas las naciones. Jesús entonces define de este modo lo que significa evangelizar: hacer discípulos y enseñarles su mandato.

El Catecismo de la Iglesia Católica en el número 2 dice: “la catequesis es una educación en la fe de los niños, de los jóvenes y adultos que comprende especialmente una enseñanza de la doctrina cristiana, dada generalmente de modo orgánico y sistemático con miras a iniciarlos en la plenitud de la vida cristiana.”

Decir evangelización hoy en día puede significar muchas cosas, pero algo Jesús ha dejado muy bien en claro en la Gran Comisión, que evangelizar consiste en «hacer» discípulos a quienes se les anuncia el Kerigma, la Buena Noticia, Jesús como nuestro Salvador, pero además, «enseñar» lo que esta Santa Madre Iglesia ha conservado como el depósito de nuestro fe, la sana doctrina católica.
Esto es insustituible.

Por más sofisticados que sean nuestros programas de teología, si carecen del fundamento evangelizador, no tendrán sentido; al mismo tiempo, una evangelización que no incorpora el elemento mistagógico de la catequesis, se debilitará. Es más, usar como título de este articulo el binomio “catequesis evangelizadora”, no es más que una redundancia personal para poner el énfasis en que la catequesis no es concebible sin no hay una auténtica evangelización.

Históricamente la catequesis tiene como punto de partida la evangelización, es decir el primer anuncio del Kerigma. Y San Pablo se encarga de ordenarlo apropiadamente para entenderlo bien en este orden: el amor de Dios, el pecado, Jesús como salvador, fe y conversión, el Espíritu Santo y la comunidad de la Iglesia.

Como padre de familia, laico, religioso o de la vida consagrada, cada uno compartimos en nuestra vocación particular, el dulce deber de hacer una catequesis integral, que anime, que motive, que ejemplifique el estilo de Jesús encarnado en nuestra sociedad. Entonces, ¿se trata de evangelizar o catequizar? Creo que ambos en una sola perspectiva.

Gerardo “lalo” Salazar es director asociado con la Oficina de Evangelización y Catequesis.