ROMAN-PAVAJEAU: Familia - ¿Qué aprender durante la Cuaresma?

April 9, 2019

“En uno de los Evangelios de esta época litúrgica, Jn. 8:21-30 Jesús tenía claridad al decir: “Y les dijo: Vosotros sois de abajo, yo soy de arriba; vosotros sois de este mundo, yo no soy de este mundo. 24 Por eso os dije que moriréis en vuestros pecados; porque si no creéis que yo soy, en vuestros pecados moriréis.”

¡Esto es evidente! Estamos hechos de carne y necesitamos de Su divina ayuda. La Cuaresma es una gran ayuda divina.

Muchos Católicos, tan pronto como saben que la Cuaresma se aproxima, inmediatamente piensan en renunciar a ciertas cosas... principalmente comida, tal vez uno de las más frecuentes son dulces y chocolates — puede ser que, porque me encantan los chocolates, quizás es por eso que presto más atención y lo escucho más a menudo — pero en general es la verdad. La mayoría de nosotros pensamos en Cuaresma como el comienzo de los días de ayuno y abstinencia.

El ayuno es obligatorio para aquellos que han completado su décimo octavo año (18 años) y no han alcanzado su sexagésimo año (60 años). La abstinencia es obligatoria para todos los que han alcanzado su decimocuarto año (14 años). Los viernes en Cuaresma son días de abstinencia. La mayoría de las familias católicas siguen esto y tal vez otra penitencia voluntaria, y quizás pasan un poco incómodos y renuentes las cinco semanas de Cuaresma, y ese es el alcance de su práctica cuaresmal; así lo llevaran a cabo hasta que se encuentren libres de nuevo después de Pascua, para volver a su forma de vida “más normal”.

Seguimos bien las reglas del calendario litúrgico y lo que la Iglesia dice acerca de esta temporada, pero como lo expresa el Catecismo de la Iglesia Católica, n. 540 “... la Iglesia se une cada año al misterio de Jesús en el desierto”. La iglesia pone delante de nosotros este ejemplo para que podamos purificar nuestros corazones, tomando nuestras responsabilidades más seriamente como cristianos, de manera que hagamos de la Cuaresma una ocasión más personal y transformadora para nosotros.

Esta ayuda divina de la Cuaresma no es la imposición de tradiciones obligatorias, es una llamada a prepararnos para una conversión personal genuina y profunda, y esto es sólo una llamada inicial.

Vivimos en una sociedad en la que estamos viendo mucha violencia, soledad y poca amabilidad en casi todas nuestras relaciones personales: Amistades, relaciones amorosas, relaciones matrimoniales, relaciones entre hermanos, relaciones entre padres e hijos, relaciones laborales, etc. ¡Nuestras familias están sufriendo mucho! ¡Nuestra sociedad está enferma porque todo está sucediendo, en primer lugar, en el centro de nuestra vida familiar! Necesitamos tomar en serio esta gran ocasión que nos permite acceder a esa ayuda divina para creer seriamente en Él y en su promesa de salvación. Probablemente muchos de ustedes me preguntarán... y ¿cómo?

Bueno, permítanme decirles, aunque no hay nada malo con el acercamiento penitencial de la Cuaresma — la abstinencia y el ayuno. Pero las Escrituras y la Iglesia nos dicen que Dios también desea que pongamos nuestra actitud y nuestras acciones bien esbozadas en las lecturas y Evangelios de esta temporada litúrgica en práctica. Para algunos de nosotros, estas cosas podrían, de hecho, implicar un mayor esfuerzo de nuestra parte más que los mismos y usuales sacrificios y penitencias cuaresmales, pues podrían implicar un logro que cambia la vida entera y para siempre; contemplar el misterio del desierto es sólo una tarea de un momento, pero vivir el camino a la cruz y ser crucificado es la obra de toda una vida, porque implica la llamada a ser santos en la vida cotidiana.

Esta ayuda divina, riega semillas divinas y estas semillas divinas son semillas de conversión, conversión que significa reconciliarse con Dios y con los demás, alejándose del mal y restableciéndose con nuestro creador. Significa en primer lugar el arrepentimiento y la confesión, desde el más insignificante hasta el más mortal de los pecados, porque la conversión no es sólo una obra humana, sino que también requiere el poder de un corazón contrito y la aceptación libre, para responder al amor misericordioso de Dios tal como Él lo quiere.

De tal manera que nosotros, como sus seguidores — llamándonos católicos — deberíamos actuar buscando justicia y haciendo actos de bondad, evitando: Ser el centro de atención, tener siempre la razón, juzgar, criticar, minimizar el bien de las personas con quienes compartimos diariamente, etc.

En nuestras Iglesias domésticas y hogares, que son el entorno natural para practicar la oración, el servicio, la alegría, entre muchas otras virtudes humanas y sobrenaturales, nuestro papel como verdaderos discípulos de Jesús es no sólo enseñar o proveer de bienes o servicios, sino vivir una verdadera caridad con nuestros esposos, nuestros hijos, renunciando a los gritos, a los insultos, así como a la pereza, al egoísmo, a la rudeza, a la envidia, a la infidelidad, al irrespeto, etc. Respondiendo amablemente a un buenos días o a un simple saludo, cuando alguien se acerca a nosotros; a decir gracias, por favor y de nada; a sonreír, a no hablar detrás de la espalda de alguien más, a hacer una corrección fraterna con amor y prudencia cuando se tiene que corregir a alguien, etc. Ese debe ser el verdadero ayuno.

La Cuaresma se convierte entonces en un tiempo que puede crear un cambio en nosotros mismos, en nuestras relaciones con los más cercanos en nuestros hogares, en nuestro trabajo y en nuestro propio rincón del mundo. De esta manera podemos seguir buscando el cambio de este mundo exhibiendo un amor que fomenta una verdadera atmosfera de familia y una actitud propia, realmente católica.

Espero que podamos darnos cuenta que si aprovechamos esta ayuda divina, podremos lograr algo mejor para nuestras vidas. Cuán grande y diferente sería el mundo si el ideal de Jesús nuestro Dios fuera practicado y vivido no sólo durante la Cuaresma, sino siempre en medio del mundo y de nuestra vida cotidiana.

Martiza Román Pavajeau es directora asistente de la Oficina de Ministerio de Familias.