La reliquia de un adolescente mexicano mártir visita la Arquidiócesis

November 13, 2018

Un hombre venera una reliquia de San José Sánchez del Rio en la iglesia St. Anthony of Padua en The Woodlands el 16 de Octubre. San José era un joven mexicano de 14 años que fue martirizado por negarse a renunciar su fe durante las guerras cristeras de los años 1920. Foto por James Ramos/Herald.

THE WOODLANDS — Ximena Gálvez se rio tímidamente cuando un gran grupo de jovencitas se pusieron a su alrededor para sacar una foto del grupo. Con un semblante radiante, se ajustó los lentes mientras su mamá Paulina Gálvez Ávila sacaba la foto.

La joven de 10 años entonces se dio vuelta y fue abrazada por cada una de las niñas, algunas con lágrimas en los ojos. Platicaban en voz baja con ella en español mientras Ximena les entregaba estampitas de oración con la imagen de ella saludando al Papa Francisco en el 2016.

Paulina animaba cariñosamente a la tímida Ximena a que siguiera platicando con las otras jovencitas mientras la mamá saludaba a otros, después de todo, su historia es un milagro.

La mama, de Michoacán, le rezó a San José Sánchez del Rio, también de Michoacán, cuando Ximena luchaba por sobrevivir después de nacer en un parto prematuro con innumerables complicaciones.

Una reliquia de primera clase, un fragmento de una costilla de San José, visitó a cinco parroquias y una escuela católica en la Arquidiócesis desde el 14 hasta el 21 de octubre.

San José era un joven mexicano de 14 años que fue martirizado por negarse a renunciar su fe durante las guerras cristeras de los años 1920, una rebelión en contra de las políticas anti católicas secularistas de un gobierno mexicano que perseguía a la Iglesia Católica.

Durante esta visita, Paulina y Ximena viajaron junto con la reliquia del santo para compartir la historia de la milagrosa curación de Ximena por intercesión de San José. Los feligreses y visitantes pudieron también venerar la reliquia.

Un grupo de jóvenes católicos mexicanos también acompañaron a la familia durante la visita de la reliquia y compartieron la historia de San José y de su fe inquebrantable durante la persecución. Después de que los matachines entraran en procesión en la iglesia parroquial de St. Anthony of Padua en The Woodlands, la madre e hija los siguieron llevando la reliquia del santo y compartieron su historia, exactamente dos años después de que el Papa Francisco canonizara a San José el 16 de octubre de 2016, junto con otros seis santos.

Cuando Paulina supo que estaba embarazada de Ximena en el 2008, los médicos le dieron un pronóstico congénito desalentador: Ximena tendría síndrome de Down y le recomendaron a Paulina que se hiciera un aborto.

Paulina no estuvo de acuerdo y continuó el embarazo de Ximena. A las 38 semanas Paulina tuvo una cesárea.

En las semanas y meses siguientes, la vida de Ximena colgaba de un hilo. La recién nacida contrajo neumonía y tuberculosis. Sobrevivió una operación muy delicada en que le extirparon medio pulmón, una operación con un índice de supervivencia del 30 por ciento. Además contrajo meningitis y tuvo un derrame cerebral.

Después de varios episodios de convulsiones epilépticas, Paulina temió perder a su hija. Al ser testigos de las violentas convulsiones que sufría la niña, los médicos le provocaron un estado de coma inducido para evitar convulsiones adicionales y cualquier inflamación del cerebro, pero al mismo tiempo una resonancia magnética indicó que el 90 por ciento del cerebro de Ximena estaba muerto, no tenía actividad mental.

Tres días después de la resonancia magnética, Paulina aún no había perdido las esperanzas y le dijo a los doctores que ella creía en Dios y que su hija estaba viva.

A pesar de la esperanza aparentemente vana de su mamá, le retiraron a Ximena el mantenimiento de las funciones vitales. Cuando la desconectaron, Paulina tomó a su hija en sus brazos y rezó por Ximena, poniéndola en manos de Dios y pidiéndole al Beato José interceder por su hija.

De pronto Ximena abrió los ojos, sonrió y a continuación se rio para sorpresa de todos, con la excepción de Paulina. Los médicos hicieron pruebas inmediatamente y muy pronto Ximena recuperó el 100 por ciento de la actividad cerebral.
Posteriormente fue dada de alta del hospital y la familia regresó a su casa. Poco después varios sacerdotes fueron a visitarlas porque habían escuchado la historia de la curación milagrosa de Ximena.

Paulina dijo que después de todo lo que había pasado — un aneurismo, la tuberculosis, meningitis, convulsiones y perder medio pulmón — Ximena tenía que pasar una prueba adicional: que las autoridades eclesiales declararan el milagro.

El sacerdote encargado de procesar los milagros albergaba serias dudas sobre si Ximena se había curado verdaderamente por la intercesión del Beato José, explicó Paulina. Había sido testigo de 36 intentos anteriormente y “este sería el 37”, dijo él.

Fueron necesarias dos tandas de pruebas para que el sacerdote aceptara los resultados y constatara que ella realmente se había curado milagrosamente. Con lágrimas en sus ojos se dio cuenta que la historia de Ximena sería la que finalmente lograría la canonización de José y lo llevaría a los altares. José, a quien afectuosamente algunos llaman Joselito por ser tan joven, ya había sido declarado venerable por San Juan Pablo II en el 2004 y beatificado por el Papa Emérito Benedicto XVI en el 2005, pero sería canonizado después de que el milagro de Ximena fuera autenticado.

La pequeña Ximena saludó al Papa Francisco cuando él visitó Morelia, Michoacán en México en el 2016. Allí él apremió a los sacerdotes a mantenerse firmes ante la corrupción y la violencia causada por las drogas. Ella de nuevo estuvo con él en la Plaza de San Pedro durante la misa de canonización de San José en octubre de ese mismo año.

El estandarte de su canonización muestra al santo vestido con pantalones de mezclilla y una camisa blanca, con un Rosario y una palma en sus manos, símbolos de su fe inquebrantable y de su martirio. A sus pies se ve un rastro de sangre y una bala, símbolos de la tortura y la muerte que sufrió a manos de sus captores.

La historia de San José ha inspirado a numerosos jóvenes, incluyendo a ocho adolescentes de 16 a 20 años conocidos como los Adolescentes por México, que viajaron con la reliquia del santo y compartieron la historia del valor y la fe de este joven mexicano frente a una persecución.

“San José nos pide algo específico a cada uno de nosotros” dijo Carolina Castorena. Nos “llama a ser santos.”
Martha Salas, coordinadora de Spanish Faith Formation en St. Anthony of Padua, dijo que la parroquia invitó a la reliquia de San José “porque el santo es un buen ejemplo para que los jóvenes sigan el fuerte testimonio de su vida, su valor y su gran amor a nuestro Dios y a Jesús”.

“Creemos que es muy importante que la gente sepa como un niño pudo hacer algo así y que nosotros podemos hacer algo aún mayor”, dijo. Ella describió a la sociedad moderna como un “tiempo de persecución” no necesariamente como en el tiempo de Sánchez del Rio, sino una “persecución ideológica. Tenemos muchas dificultades en estos tiempos, de manera que yo creo que la visita de la reliquia [fue] una inspiración para que los jóvenes sigan su ejemplo”.

Ella animó a los jóvenes a aprender de la historia de San José Sánchez del Rio porque él era de su misma edad y eso les deja ver a una persona joven como ellos “esforzarse” y ser un buen ejemplo de “fe y firmeza en la adversidad”.
A Salas le inspira la determinación de San José de siempre decir “Viva Cristo Rey”.

“Eso es como decir que tengo la esperanza de estar con [Cristo] algún día y… Él es el rey de todo, pero Su Reino reinará aquí en la tierra como en el cielo”. †