AGUILERA: Nuestro otoño personal nos prepara para el cielo, nuestro verdadero hogar

November 13, 2018

¡El otoño está finalmente en pleno apogeo! No hay otra época del año que se identifique más con mi ministerio que esta temporada. Una temporada de cambios y transiciones.

Octubre nos trajo la alegría del aire fresco. Hay una sensación producida por el viento que acaricia suavemente nuestra cara indicando que ha llegado una nueva temporada. Los árboles han empezado a girar bajo diferentes matices de marrón, amarillo, naranja, y es evidente la pérdida paulatina de sus hojas. Se oscurece más temprano; las noches ya nos hacen contemplar la belleza y el resplandor de la luna de la vendimia. La temporada de otoño nos invita a sosegar nuestras ajetreadas vidas. Nuestro cuerpo naturalmente empieza a descansar y nuestras mentes gradualmente empiezan a reposar después de los largos días de verano.

Esta época del año es única. Permite el descanso, la calma y la reflexión en nuestro trasegar por la vida. Incluso, San Pablo reconoce la riqueza de esta época del año en 1 Corintios 16, 6: “y es posible que me quede con vosotros algún tiempo, y tal vez pase allí el invierno, para que me ayudéis a seguir el viaje a dondequiera que vaya”. En cierto modo nuestra vida es así. Sus cambios nos acercan a nuestro viaje. Es una época en la que todo lo que nos rodea se transforma bellamente antes del gran final; de alguna manera, ese gran final podría ser nuestro viaje al cielo!

A medida que las hojas de los árboles cambian de color, así también estamos invitados a mirar nuestras vidas y a permitir que Dios transforme nuestros corazones y mentes para reflejar la belleza que Él tiene reservada para nosotros. Éste es un tiempo para abrazar y reflexionar en nuestro caminar con el Señor, un tiempo para preparar nuestra alma para nuestro viaje hacia Él. A medida que nuestra vida pasa por diferentes cambios, tenemos la oportunidad de nutrirla y prepararla para nuestro gran final, nuestra muerte.

Muriendo a nosotros mismos es cuando nos hacemos completos. Es un escenario más de nuestra existencia por la que todos atravesaremos. Es quizás la última etapa del crecimiento. La muerte es inevitable, y sin embargo es un tema que a ninguno de nosotros nos complace confrontar. Hablar de la muerte, el Purgatorio y la eternidad nunca es fácil, y de alguna manera hemos fallado al no abrazarla durante el camino de la vida. Hablar de estos temas nos hace enfrentar nuestra propia mortalidad y más concretamente, concientizarnos que no estaremos en la tierra para siempre.
La muerte es sin duda el final de nuestra vida física, pero definitivamente no de nuestra alma inmortal. Nuestra fe cristiana nos otorga la esperanza en la resurrección de Jesucristo.

No oímos mucho sobre la muerte, el Purgatorio, el cielo o el infierno. La comercialización del día de los muertos en los últimos años ha hecho que sea un poco más tentador celebrar las vidas de nuestros seres queridos, parientes y amigos, que se han ido antes que nosotros. Casi nunca oímos hablar de orar para que sus almas lleguen al cielo u orar para que abandonen el Purgatorio. Orar a través de la Comunión de los Santos como miembros de un cuerpo, el cuerpo de Cristo, nos permite compartir los beneficios espirituales que les ayudarán en la purificación de sus almas, para hacer más seguro su camino al cielo.

La tradición dice que San Tomás, el apóstol, estaba predicando cuando conoció a un rey que quería un palacio construido para él. El rey pagó a San Tomás para construirlo y se fue por dos años. A su regreso, el rey se decepcionó que no hubiera ningún palacio hecho para él y puso a San Tomás en la cárcel con la intención de matarlo. El hermano del rey, que estaba muerto, se le apareció al rey en un sueño y le dijo que San Tomás había construido un palacio para él en el cielo. Al parecer, San Tomás le dijo al rey que “en el cielo hay innumerables palacios preparados desde el principio de los tiempos y que son ganados por la oración y la limosna.” ¡Qué bello es tener santos construyendo palacios para nosotros en el cielo!

Honremos a los santos y a las almas de los fieles difuntos este mes, y recordemos que nuestro palacio está preparado para nosotros en el cielo. Vivamos todos los días imaginando la alegría de estar en el hermoso palacio con el Señor. Que preparemos nuestra alma para alcanzar el cielo, el cual es nuestro verdadero hogar. †

Elsa Aguilera es la directora asociada de Transiciones Familiares del Ministerio de Vida Familiar.