Letter to the Faithful

September 11, 2018

Dear Brothers and Sisters in Christ,

The last few months have been very difficult in the life of the Church.  With the confirmed sexual abuse of minors and seminarians by then-Cardinal Theodore McCarrick and his removal from the College of Cardinals, as well as the publication of a detailed report of sexual abuse of minors by Catholic clergy in six dioceses of the State of Pennsylvania, a genuine state of moral and spiritual crisis in the Catholic Church in the United States has hit us all with great force.  Following these news reports, I have received many letters and it is clear our people have been scandalized by this grave wound, especially as it has deeply hurt so many innocent little ones, the abused and the survivors. I know you are suffering and have been filled with anger and rage. I share your anger and rage.  You likely have many questions, which have only been expanded in light of the recently published letter of Archbishop Carlo Maria Viganò, the former papal nuncio to the United States.  As I shared in my statement as President of United States Catholic Conference of Bishops on August 27, 2018, “The questions raised deserve answers that are conclusive and based on evidence.  Without those answers, innocent men may be tainted by false accusation and the guilty may be left to repeat sins of the past.”

In 2002 the problems were mostly related to the priests who abused; in 2018 the problems are more focused on the responsibility or lack thereof of the bishops and on their failures of moral leadership. The Body of Christ has been lacerated and bishops did not care for the wounded.

Our archdiocese acted promptly in response to the Dallas Charter and we must continue and strengthen our response.  The bishops must become more accountable and in a way that is clear. As President I have been working these past weeks with bishops, consultants, clergy and laity, to be prepared for the USCCB’s Administrative Committee meeting this month with a series of proposals, practical steps and prayer and repentance to bring to the whole body of Bishops in November. I hope you will pray for all of us in this endeavor. The issues involved are delicate but we must do this well and call all to accountability.

I realize that in spite of the progress made since 2002 that we, the bishops of the United States, have failed you.  We can and must do better. In the meanwhile, the Holy Father has asked us all to open our eyes and our hearts to all those suffering. We will follow his wise counsel both practically in action and contemplatively in prayer.

I conclude these words to you with the words with which I closed my August 27 statement: “The more she is buffeted by storms, the more I am reminded that the Church’s firm foundation is Jesus Christ.  The failures of men cannot diminish the light of the Gospel.  Lord, by the help of your mercy, show us the way to salvation.”

With blessings in the Lord, I am

Sincerely yours in Christ,

Daniel Cardinal DiNardo
Archbishop of Galveston-Houston


 Queridos hermanos y hermanas en Cristo:

Estos últimos meses han sido muy difíciles para la Iglesia.  La confirmación del abuso sexual de menores y seminaristas por el entonces Cardenal Theodore McCarrick y su destitución del Colegio de Cardenales, y la publicación de un reporte detallado sobre el abuso sexual de menores por el clero católico en seis diócesis del Estado de Pensilvania han dado un golpe muy fuerte y han producido un profundo estado de crisis moral y espiritual en la Iglesia Católica en los Estados Unidos. Después de que surgieran esos reportes en las noticias, he recibido muchas cartas y está claro que nuestro pueblo está escandalizado por esta herida tan grave, especialmente porque ha dañado profundamente a muchos niños inocentes, los abusados y los sobrevivientes. Sé que ustedes sufren y están llenos de ira y cólera; yo comparto esos sentimientos con ustedes.  Probablemente tengan muchas dudas, que solo han aumentado a la luz de la carta recientemente publicada del Arzobispo Carlo Maria Viganò, antiguo nuncio apostólico de los Estados Unidos. Como ya declaré como Presidente de la Conferencia Episcopal Católica de los Estados Unidos el 27 de agosto de 2018, “Las interrogantes que se plantean merecen respuestas concluyentes basadas en la evidencia.  Sin esas respuestas habrá hombres inocentes cuya reputación quedará empañada por acusaciones falsas y hombres culpables que quedarán en libertad para continuar repitiendo los pecados del pasado”.      

En 2002 los problemas se relacionaban con sacerdotes que abusaban; en 2018 los problemas están más centrados en la responsabilidad o falta de ella de los obispos y sus fallas en el liderazgo moral.  El Cuerpo de Cristo ha sido lacerado y los obispos no se ocuparon de los heridos.

Nuestra arquidiócesis actuó rápidamente como respuesta a la Constitución de Dallas (Dallas Charter) y tenemos que continuar y fortalecer nuestra respuesta.  Los obispos tienen que ser más responsables y sus decisiones transparentes. Como presidente he trabajado estas últimas semanas con los obispos, asesores, clero y laicos, para estar preparado para la reunión este mes del Comité Administrativo de la Conferencia Episcopal Católica de los Estados Unidos y poder ofrecer una serie de propuestas y pasos prácticos, además de oración y arrepentimiento, y presentarlos a todo los obispos en noviembre. Espero que ustedes oren por todos nosotros en estos empeños.  Los problemas que enfrentamos son delicados pero tenemos que hacer las cosas bien y llamar a todos a ser responsables.

Estoy consciente de que a pesar de los esfuerzos realizados desde 2002, nosotros, los obispos de los Estados Unidos, hemos fallado. Nuestra labor puede y debe ser mejor. Mientras tanto, el Santo Padre nos ha pedido que abramos nuestros ojos y nuestros corazones a todos los que sufren.  Seguiremos su sabio consejo con acciones prácticas y oración contemplativa.

Termino con las mismas palabras con las que cerré mi declaración del 27 de agosto: “Mientras más está azotada por las tempestades, más consciente estoy de que la base sólida de la Iglesia es Jesucristo.  Los errores de los hombres no pueden disminuir la luz del evangelio.  Señor, con la ayuda de tu misericordia, muéstranos el camino a la salvación.”

Reciban bendiciones en el Señor,

Sinceramente en Cristo,

Daniel Cardenal DiNardo
Arzobispo de Galveston-Houston