A Shepherd's Message - October 24, 2017

October 24, 2017

In the past few weeks we have celebrated the 25th and 50th anniversaries of married couples in the Archdiocese. Just last Sunday, 147 couples renewed their vows at the Co-Cathedral of the Sacred Heart for 50 years of marriage.

It is always a beautiful celebration as it points out the genuine meaning of married love and families. It is also a celebration of Respect Life. We in the Church look to these couples, thank them and encourage them in the witness they offer to the Gospel and to the Sacrament of Matrimony. Their lives are a credible testimony to the faithfulness and permanency of the vows they made and the lived experience of the grace of human life and of the dignity of the human person. Each couple and their families are a true domestic Church and enrich the Church with a concrete example of “self-gift.”

The Church has been called a “family of families.” In his post-synodal Apostolic Exhortation, “Amoris Laetitia,” Pope Francis reminds us that the experience of love in families is a perennial source of strength for the life of the Church. The unitive end of marriage is a constant summons to make this love grow and deepen. Through their union in love, the couple experiences the beauty of fatherhood and motherhood, and shares plans, trials, expectations and concerns; they learn care for one another and mutual forgiveness (#88 from ‘Amoris Laetitia’). The vocation of the family is unique and irreplaceable.

Unique and irreplaceable. This is a truth and good for any time, and especially for our time. The difficulties that face and tear at marriage and families today are very worrisome. Deeper formation, plans, seminars and other catechetical or educational resources are surely important for strengthening marriage and making marriage vital for young and old.

In all this, however, nothing so represents and distills the meaning of sacramental marriage and family life than living examples of this wondrous “art.”  We must celebrate married couples all the more now given the fraying of this institution in our current cultural and societal life. Couples who have lived their marriage vows for many years show a special wisdom that the Church treasures and should publicize.

I would ask one favor of those married couples who have reached the mature wisdom and love of a long marriage. Share your experience with another younger couple, perhaps a couple that is still immature and whose life together is facing serious problems. You can convince more than any others that marriage is not something that happens once for all — but a joining of lives that makes them active and creative in a lifelong project. You can persuade them like no one else that a husband and wife set aside initial fantasies and accept the other as a beautiful but unfinished “work in progress,” one needing to grow and grow up, one who needs patience and a large dose of generosity, one that needs prayer and God’s grace. You can gently let them know that the “I do” has taken them on a journey and that obstacles are normal, and can be overcome. I truly request that you do this and make your wisdom available!

May God bless all the marriages and families in our local Church, give them grace and stamina, and help them see the Holy Family as a real help for their beautiful vocation.


 

En las últimas semanas hemos celebrado los aniversarios 25 ° y 50 ° de las parejas casadas en la Arquidiócesis.  Apenas el domingo pasado, 147 parejas renovaron sus votos en la Co-Catedral del Sagrado Corazón por 50 años de matrimonio.

Siempre es una celebración hermosa ya que señala el significado genuino del amor y las familias casadas.  También es una celebración de Respeto a la vida. Nosotros en la Iglesia miramos a estas parejas, les agradecemos y los alentamos en el testimonio que ofrecen al Evangelio y al Sacramento del Matrimonio.  Sus vidas son un testimonio creíble de la fidelidad y la permanencia de los votos que hicieron y la experiencia vivida de la gracia de la vida humana y de la dignidad de la persona humana.  Cada pareja y sus familias son una verdadera Iglesia doméstica y enriquecen a la Iglesia con un ejemplo concreto de "don de sí mismo".

La Iglesia ha sido llamada "familia de familias".  En su Exhortación Apostólica post sinodal, "Amoris Laetitia", el Papa Francisco nos recuerda que la experiencia del amor en las familias es una fuente perenne de fortaleza para la vida de la Iglesia. El fin unitivo del matrimonio es una invocación constante para hacer crecer y profundizar este amor.  A través de su unión en el amor, la pareja experimenta la belleza de la paternidad y la maternidad, y comparte planes, pruebas, expectativas y preocupaciones; aprenden a cuidarse unos a otros y al perdón mutuo (n. ° 88 de 'Amoris Laetitia'). La vocación de la familia es única e insustituible.

Única e insustituible.  Esta es una verdad y buena para cualquier momento, y especialmente para nuestro tiempo.  Las dificultades que enfrentan y desgarran el matrimonio y las familias de hoy son muy preocupantes.  Una formación más profunda, planes, seminarios y otros recursos catequéticos o educativos son seguramente importantes para fortalecer el matrimonio y hacer que el matrimonio sea vital para jóvenes y mayores.

En todo esto, sin embargo, nada representa y destila el significado del matrimonio sacramental y la vida familiar más que los ejemplos vivientes de este maravilloso "arte".  Debemos celebrar a las parejas casadas aún más, dado el desgaste de esta institución en nuestra sociedad cultural y vida social actual.  Las parejas que han vivido sus votos matrimoniales durante muchos años muestran una sabiduría especial que la Iglesia atesora y debe divulgar.

Me gustaría pedir un favor a las parejas casadas que han alcanzado la sabiduría madura y el amor de un matrimonio largo.  Compartan su experiencia con otra pareja más joven, tal vez una pareja que todavía es inmadura y cuya vida en conjunto enfrenta serios problemas.  Pueden convencer más que otros que el matrimonio no es algo que sucede de una vez por todas, sino una unión de vidas que los hace activos y creativos en un proyecto de vida.  Pueden persuadirlos como nadie más de que un esposo y una esposa dejan de lado las fantasías iniciales y se acepten mutuamente como un "trabajo en progreso" hermoso pero inacabado, que necesita crecer y crecer, alguien que necesita paciencia y una gran dosis de generosidad, uno que necesita oración y la gracia de Dios.  Pueden decirles suavemente que el "sí quiero" los ha llevado en una jornada y que los obstáculos son normales y pueden superarse.  ¡Realmente pido que hagan esto y que hagan disponible su sabiduría!

Que Dios bendiga a todos los matrimonios y familias en nuestra Iglesia local, les ofrezca gracia y energía, y les ayude a ver a la Sagrada Familia como una verdadera ayuda para su hermosa vocación.