A Shepherd's Message - January 9, 2018

January 9, 2018

This is my first column in the Texas Catholic Herald for 2018. I want to thank all of the members of the Archdiocese for their support and express special gratitude to so many who sent beautiful messages and greetings for Christmas and the New Year.

This past weekend marked the end of the Christmas-Epiphany Season. In giving His Son, the Father has given us everything. We, in turn, give our hope and our lives to His Son. The Mother of God teaches us this by her example. She gives to others.  We give to others.

The final celebration of Epiphany is the Feast of the Baptism of the Lord. The adult Jesus is moved in his human heart to go to the River Jordan for a decisively public event. His Baptism by John shows Himself immersed completely in all that we are and, though sinless, goes through a cleansing. Surely He cleansed the waters that touched Him and even touched the final prophet of the old covenant, the Baptist. Most significantly, the Spirit descended in the form of a dove and the voice of the Father was heard: “Here is my Beloved Son.” Jesus Christ has thus begun his public life. He begins refashioning us and refashions without tearing apart, but by bringing us healing.

Jesus Christ is our peace. Such was His birth; such was His Baptism; such was His teaching about ultimately following Him. He is subjected to violence, to rejection, even to his voluntary Death. But He is our peace and Resurrection and has allowed this to happen. The peace is brought to everyone, each human being. For we are all made in the image and likeness of God.

Earlier this year, in light of difficult scenes of violence and discord in our country of racism and antipathy towards those on the margins, I set up a special Ad Hoc Committee on Racism to build on work already done in our Bishops’ Conference, to push it ahead and to set up genuine encounters, meetings, practical forums and studies to reach out and help us to refashion who we are in this country without tearing apart.

I asked Bishop George Murry, Bishop of Youngstown, to chair this Committee and he immediately accepted the challenge. At his first public statement he said:

“As a society, we all need to stop making excuses and commit to a movement for nonviolence that involves all of us. But we need something more — something deeper. It requires true conversion. Each of us needs to restore the love that comes with true friendship... Unless we recover the sense that we are all in this together, because we are one family, I fear we may not be able to stop the violent trends we are facing.”

Bishop Murry went on to say that the inherent dignity of every person has been weakened, that our society is a common home like the Earth, and that there are too many throwaways, people and individuals excluded. There is a sin of racism and we must confront it, not just by policy, but by conversion.

I look forward to the committee’s work and resources to help us in our process of new conversion. Near the birthdate of Dr. Martin Luther King Jr., near the time of the 50th anniversary of his death, I hope that his words of challenge to our country to change “with passion, but without violence,” will continually remind us this year, as disciples of Jesus Christ, to walk this long but certain road to conversion and positively change the precious dignity and worth of every human person. †


 

Esta es mi primera columna en el Heraldo Católico de Texas para el 2018.  Quiero agradecer a todos los miembros de la Arquidiócesis por su apoyo y expresar un agradecimiento especial a tantos que enviaron hermosos mensajes y saludos para la Navidad y el Año Nuevo.

Este fin de semana pasado marcó el final de la temporada de Navidad-Epifanía.  Al dar a su Hijo, el Padre nos lo ha dado todo.  Nosotros, a su vez, le damos nuestra esperanza y nuestra vida a su Hijo.  La Madre de Dios nos lo enseña con su ejemplo.  Ella da a otros. Nosotros damos a otros.

La celebración final de la Epifanía es la Fiesta del Bautismo del Señor.  Jesús adulto es inspirado en su corazón humano a ir al Río Jordán a un evento decisivamente público.  Su Bautismo recibido de Juan lo muestra completamente inmerso en todo lo que somos y, aunque sin pecado, pasa por una purificación.  Seguramente Él limpió las aguas que lo tocaron e incluso tocó al último profeta de la antigua alianza, el Bautista.  Lo más significativo es que el Espíritu descendió en forma de paloma y se escuchó la voz del Padre: "Aquí está mi Hijo Amado". Así, Jesucristo ha comenzado su vida pública.  Él comienza a remodelarnos y nos remodela sin desgarrarnos, sino más bien ayudándonos a sanar.

Jesús es nuestra paz.  Así fue su nacimiento; así fue su Bautismo; así fue su enseñanza para finalmente seguirlo.  Fue sometido a la violencia, al rechazo, incluso a su muerte voluntaria.  Pero Él es nuestra paz y resurrección y ha permitido que esto suceda.  La paz se lleva a todos, a cada ser humano. Porque todos estamos hechos a la imagen y semejanza de Dios.

A principios de este año, a la luz de las difíciles escenas de violencia y discordia en nuestro país a causa del racismo y antipatía hacia los marginados, establecí un Comité Especial sobre el Racismo para construir sobre el trabajo ya realizado en nuestra Conferencia Episcopal, impulsarlo y establecer genuinos encuentros, reuniones, foros prácticos y estudios para tender lazos y ayudar a remodelar quienes somos en este país sin desgarrarnos.

Le pedí al Obispo George Murry, Obispo de Youngstown, que presida este Comité y él inmediatamente aceptó el encargo.  En su primera declaración pública dijo: "Como sociedad, todos debemos dejar de dar excusas y comprometernos con un movimiento por la no-violencia que nos involucre a todos.  Pero necesitamos algo más, algo más profundo.  Requiere una verdadera conversión.  Cada uno de nosotros necesita restaurar el amor que viene con la verdadera amistad...  A menos que recuperemos la sensación de que todos estamos juntos en esto, porque somos una sola familia, me temo que no podremos detener las tendencias violentas a las que nos enfrentamos."

El Obispo Murry continuó diciendo que la dignidad inherente de cada persona se ha debilitado, que nuestra sociedad es un hogar común como lo es la Tierra, y que hay demasiados desechados, personas e individuos excluidos.  Hay un pecado de racismo y debemos enfrentarlo, no solo por medio de la política, sino por medio de la conversión.

Espero que el trabajo y los recursos del comité nos ayuden en nuestro proceso de nueva conversión.  Cerca del cumpleaños del Dr. Martin Luther King, Jr., cerca de su 50 aniversario de su muerte, espero que sus palabras que exhortaron a nuestro país a cambiar “con pasión, pero sin violencia,” nos recuerden continuamente este año, como discípulos de Jesús, recorrer este largo pero cierto camino hacia la conversión y cambiar positivamente la preciosa dignidad y el valor de cada ser humano.