A Shepherd's Message - March 14, 2017

March 14, 2017

My reflections in this issue are brief owing to some time and work constraints that have shortened my preparation for the article.

In our celebration of Lent, I have been reading Pope Francis’ monumental encyclical, Laudato Si’, a major writing on our common home, the earth, and the ecological crisis that afflicts the soil, water and air all about us.  This is very dense material which examines problems from an international, national and local set of perspectives.  There is much on the economy and a much on the technological use of reason that both helps and hinders our care for the earth.  The encyclical emphasizes the worsening effects of a throw-away culture and the conspicuous consumption that is draining the resources given to us through the bounty of the Creator and the beauty of creation.

It is in the final chapters of his writing where the Holy Father turns to the human person and the need for a re-conversion to a contemplative understanding of nature and creation which I think would be profitable for us to read and ponder as a Lenten exercise and observance.

Let us contemplate #217 of the Encyclical: “The external deserts in the world are growing, because the internal deserts have become so vast.  For this reason, the ecological crisis is also a summons to profound interior conversion.  It must be said that some committed and prayerful Christians, with the excuse of realism and pragmatism, tend to ridicule expressions of concern for the environment.  Others are passive; they choose not to change their habits and thus become inconsistent.  So what they all need is an ‘ecological conversion’, whereby the effects of their encounter with Jesus Christ become evident in their relationship with the world around them.  Living our vocation to be protectors of God’s handiwork is essential to a life of virtue; (…)”  When we truly meet Christ, we stretch our minds and hearts beyond ourselves to others, to the world, to the very creation that nurtures us.

The Pope is not naïve about the challenges or about the need for greater attentiveness to the earth – the challenges and needs that face individuals, groups, communities, states and nations.  Nevertheless, the Holy Father keeps repeating the importance of a contemplative appreciation for all the ‘things’ of the earth, things that are not only useful for us but also good in themselves.  The conversion is in a new form of ‘treasuring,’ treasuring the environment and the human person beyond the need to package and consume them, to use and then throw away.  This is a marvelous practice for Lent, and for the rest of the year as well.

Our own Lent in this local Church was blessed at the Rite of Election on Sunday, March 4, where over 1,650 catechumens were called by name and presented so as to enter the next six weeks in readiness for their Baptism, Confirmation and First Communion.  Let us pray for them all and for ourselves.

 


Mis reflexiones en este número son breves debido a algunas restricciones de tiempo y trabajo que han acortado mi preparación para el artículo.

En nuestra celebración de la Cuaresma, he estado leyendo la encíclica monumental del Papa Francisco, ‘Laudato Sí ', un escrito importante sobre nuestro hogar común, la Tierra y la crisis ecológica que aflige el suelo, el agua y el aire en derredor nuestro.  Este es un material muy denso que examina los problemas desde una perspectiva internacional, nacional y local.  Hay mucho en la economía y mucho más en el uso tecnológico de la razón que tanto ayuda como dificulta nuestro cuidado por la Tierra.  La encíclica enfatiza el empeoramiento de los efectos de una cultura desechable y el conspicuo consumo que está agotando los recursos que se nos dan a través de la generosidad del Creador y la belleza de la Creación.

En los capítulos finales de su escrito el Santo Padre se dirige a la persona humana y a la necesidad de una reconversión a un entendimiento contemplativo de la Naturaleza y la Creación que creo sería provechoso para nosotros leer y reflexionar como una observancia y ejercicio cuaresmal.

Contemplemos el # 217 de la Encíclica: "Los desiertos externos en el mundo están creciendo, porque los desiertos internos se han vuelto tan vastos. Por esta razón, la crisis ecológica es también un llamado a una profunda conversión interior.  Hay que decir que algunos cristianos comprometidos y orantes, con la excusa del realismo y el pragmatismo, tienden a ridiculizar las expresiones de preocupación por el medio ambiente.  Otros son pasivos, eligen no cambiar sus hábitos y así llegar a ser inconsistentes.  Así que lo que todos necesitan es una "conversión ecológica", por la cual los efectos de su encuentro con Jesucristo se hacen evidentes en su relación con el mundo que los rodea.  Vivir nuestra vocación de ser protectores de la obra de Dios es esencial para una vida de virtud; (...)"  Cuando verdaderamente nos encontramos con Cristo, ensanchamos nuestras mentes y corazones más allá de nosotros mismos hacia los demás, hacia el mundo, hacia la misma Creación que nos nutre.

El Papa no es ingenuo sobre los retos o sobre la necesidad de una mayor atención a la Tierra - los desafíos y necesidades que enfrentan los individuos, grupos, comunidades, estados y naciones.  Sin embargo, el Santo Padre repite la importancia de una apreciación contemplativa de todas las «cosas» de la Tierra, cosas que no sólo son útiles para nosotros, sino también buenas en sí mismas.  La conversión es una nueva forma de "atesorar", atesorando el medio ambiente y la persona humana más allá de la necesidad de empaquetar y consumir, para usar y luego tirar.  Esta es una práctica maravillosa para la Cuaresma, y para el resto del año también.

Nuestra propia Cuaresma en esta iglesia local fue bendecida con el Rito de Elección el domingo 4 de marzo, donde más de 1.650 catecúmenos fueron llamados por su nombre y presentados para entrar en una preparación para su Bautismo, Confirmación y Primera Comunión en las próximas seis semanas. Oremos por ellos y por nosotros mismos.